Textos informales

El de los recursos para informalizar textos y diferenciarlos un poquinchi

¿No te pasa que estás un poco hasta donde yo me sé de leer siempre las mismas expresiones?

Y digo expresiones por no decir posts, publicaciones, mensajes, palabras y, en fin, cualquier tipo de comunicación.

A mí me aburre, y mira que soy de leer: el contenido que consumo nunca viene en forma ni de vídeo ni de podcast, sino de post.

Por deformación profesional estoy expuesto a muuuucho marketing y llegué a mi tope hace ya tiempo.

Si te sientes un poco identificado con el asunto y quieres contribuir a hacer de la blogosfera un lugar menos cansino, hice una formación en Turmenta sobre esto mismo hace un par de semanas con la idea de sacar un post posterior.

Hablo de escribir textos informales.

Te voy a contar qué recursos utilizo yo para hacer mis contenidos un poco más salaos de lo que se espera de alguien que habla de marketing turístico —cosas serias—.

Informalizar textos mola

Eso es lo primero: no te achantes por eso de sonar distinto o informal. Es un factor de diferenciación que sí, cierra algunas puertas, pero abre muuuchas otras.

A mí por decir tacos se supone que no me debería llegar nada de cierto nivel, pero hace no mucho hice unos trabajitos para la agencia de viajes más conocida de España.

He escrito sobre turismo de lujo, joyas y viajes de mucho nivel, para proyectos cuyo buyer persona, si leyera este blog, posiblemente se ofendería un poco.

Cuando escribes informal para tu marca demuestras capacidad para saltarte el guion, personalidad, seguridad y diferenciación.

Que se note que sabes hacer las cosas de forma diferente es bueno para ti; te lo digo yo, que es el rumbo que tomé en 2017 y seguimos dando guerra una pandemia después —que dicho sea de paso, ha destrozado el sector al que me dedico—.

Informalizar textos mola, eso es así, y te voy a contar cómo lo hago yo.

Ojo, hay que adaptarse

A ver, vamos con la otra cara de la moneda: informalizar está bien, pero todo tiene un límite.

No vale todo, por mucho que nos pese.

Si eres una marca personal tienes más margen para hacer lo que quieras, porque es tu voz la que habla y el gentío comprende que es algo que puedes hacer.

No podría, en cambio, un hotel de la hostia en el centro del Madrid más castizo. Ahí la informalidad hay que buscarla de forma más sutil: con ritmos, expresiones poco agresivas, etc.

Así que oye, de los recursos que vas a ver ahora coge solo los que creas que te pueden encajar, no vaya a ser que revientes tu identidad verbal y tu imagen se vea altamente perjudicada.

Que no queremos eso, no.

Los 10 recursos que utilizo para hacer más informales mis textos

A ver, para sacarlos lo que hice fue leer posts antiguos, no tan antiguos y más nuevos de este blog, e ir apuntando lo que veía.

De mi primer post —de 2017, cuidao eh— al último —el pasado día 25— hay diferencia. Se nota una evolución en el lenguaje.

Entremedias he publicado 50 y pico contenidos, tropecientas fotos y reels en Instagram, emails e incluso anuncios.

Quicir: que esto de informalizar los textos se trabaja. Se va haciendo mejor con el tiempo.

La confianza que aporta ver resultados ayuda, para que lo tengas en cuenta.

Y ahora sí que sí, vamos con el listado.

#1 Mala gramática, pero ortografía impecable

Dar patadas a la gramática queda bien, pero al diccionario no.

Si lo haces mal y se nota que no lo estás haciendo adrede, DRAMA.

La clave está en equivocarte aposta y que se note.

  • Los mochis son mis diseñadores y me disen que soy lo más mejor como copy
  • Cuando me envían un audio al wasap estás que lo escucho
  • No me lo he comprao porque era mu caro


La primera frase, por ejemplo, tiene sentido porque si no es lo primero que lees de mí sabes que ese «disen» es adrede, y el «más mejor» no es correcto a nivel gramatical pero se entiende.

Y lo del «wasap», el «comprao», el «mu»… pues eso.

#2 Utiliza diminutivos y aumentativos

Con los «-itos», «-illos» o «-azos» lo que quieres decir se entiende igual, pero añades una dosis de diferenciación muy genial.

  • El otro día me pedí un cremaet en una cafetería que no conocía y me costó 20 eurazos.
  • Estoy un poquillo cansado de ver siempre lo mismo.


Recurso sencillico y lo sabes.

#3 Exagera, exageraaaaaa

Exagerar cosas es otra buena forma de sonar distinto.

A mí me gusta utilizar números para ello, algo rollo esto:

  • Así no darías con el nombre ni aunque estuvieras 10.000 años pensando
  • Tengo -1.000 ganas de trabajar ahora mismo
  • El otro día eché tropecientas horas en este proyecto


El tropecientos es maravilloso, porque nadie sabe cuánto es exactamente pero a la vez se entiende que es un montonaso.

#4 Ríete de ti mismo

Otro recurso cañón la mar de apañao es reírse de uno mismo.

Por ejemplo, yo soy un cero a la izquierda cuando se trata de diseñar o pensar en diseños, y estaría siendo generoso.

Pues oye, lo reconozco y no pasa nada:

  • Yo las cosas de diseño las delego, porque soy tan patán en el tema que me pondrían de ejemplo en las escuelas de diseñadores de cómo no hacer las cosas.


También puedes dejar algún comentario que refleje que no te tienes en muy alta estima, como este:

  • Es más que factible que en esta vida no llegue muy lejos pero oye, uno lo intenta.


No es preciso que sea 100% real. Por ejemplo, lo del diseño en mi caso es cierto, y lo otro… pues lo estoy intenando de verdad, jajajaja.

Y empalmamos con el siguiente recurso.

#5 Escribe las risas

Como si estuvieras en un chat del wasap.

Ojo, que cada una refleja una cosa:

  • Jaja es como sutileza máxima buenrollera.
  • Jajaja es más estándar, como decir por decir.
  • Jajajaja ya es más de que quieres expresar risa de verdad.
  • Jeje es como risa cómplice.
  • Jejeje y jejejeje es una risa cómplice muy exagerada, bajo mi punto de vista. No hace falta.
  • Jiji y jijijiji es como muy cursilona, de no haber roto nunca un plato. La puedes utilizar adrede en algún momento muy puntual si de normal tiras con los jajás.
  • Jojo y jojojo es la risa de regocijo y de la gente con mucha masa.
  • Juju y jujuju no te sabría decir; me suena a risa muy de gañán espabilao.

Y luego tenemos la versión inglesa, el haha, que pretende ser como más discreta pero no sé, yo no la veo para comunicar 1 a N —1 a 1 sí, ojo; yo la uso a veces—.

#6 Busca la alternativa menos común y más informal

El emplear palabras y expresiones que se utilicen de forma menos habitual también funciona.

Si buscas expresar que no quieres algo, en vez de decirlo tal cual puedes recurrir al…

  • No me da la gana pagar por eso


Si hablamos de atiborrarse, por ejemplo:

  • El otro día me puse fino a gambas.


Los diccionarios de sinónimos no te van a dar el «no me da la gana» o «ponerse fino», pero pueden ser un buen comienzo.

#7 Usa tacos

Hay formas y formas de usar tacos.

Yo, aunque sea bastante malahablao, no escribo demasiados de forma directa. Se me escapa algún «joder» y derivados, pero los «mierda» e insultos agresivos – no sutiles como «gilipollas» no me terminan.

Hay insultos genéricos a personas más sutiles que, no sé, creo que suenan mejor:

  • ¿Y que no va el otro día un tarado y me dice que dónde está la cacerola?
  • Mi amigo Pedro es un auténtico gañán.
  • Qué cabrón.


Y luego se puede insultar con cierta creatividad:

  • Mi amigo Jairo, al que le faltan 10 minutos de horno, dice que los autónomos pagamos la cuota que nos merecemos.
  • María, que sabe leer, opina que Jairo tiene razón.
  • A Armando le falta una patatina para el kilo y también está de acuerdo.


En los tres casos estás diciendo que la persona no es muy espabilá, por expresarlo de alguna forma.

#8 Matiza mucho

Matizar con paréntesis —o guiones— también es bien para hacer el texto menos densito.

Te sirve para aportar información adicional que puede venir a cuento o no; si la haces personal o expresas una opinión, puntos extra:

  • El otro día estaba viendo una peli —una castaña, por cierto— y de pronto me llegó un email.
  • No me gusta dar consejos (suerteeee), pero ahí va el mío: no te acuestes con él.
  • Y así termina la historia —bueno, en realidad luego nos fuimos a por un gintonic, pero ese es otro cantar—.


Me gusta más el guion porque es menos común, pero pa gustos… ya se sabe.

#9 Genera conversación; que el lector se sienta el destinatario real del texto

Ni qué decir tiene que lo suyo es que hables de «tú»; lo damos por hecho.

Tienes que intentar referirte muchas veces al lector de forma directa. Que se sienta parte del texto.

Usar al lector como ejemplo ayuda mucho, y hacer preguntas también:

  • Pon que te estás saliendo del supermercado y te das cuenta de que te has dejado algo.
  • Cuando vas al dentista como que no mola, ¿no?
  • Tú déjate llevar y verás qué bien.
  • ¿Cuánto hace que no te corres una señora juerga?

#10 El ritmo is the key

Termino con un recurso que no es recurso. O uno algo ambiguo, jajaja.

Lo que mejor funciona para darle personalidad a un texto es, de largo, el ritmo.

El estándar es el tedioso, que es el mismo que el de los libros de texto. Mucho punto, mucha coma y mucho aburrimiento.

Juega con los ritmos, copón, y para ello válete de puntos y coma; hacen un papelón muy tremendo y apenas se usan.

Sigo sin entender por qué.

Tampoco hagas párrafos peñazo, y no caigas en el error de abusar de los de una sola línea, que se han puesto muy de moda últimamente.

Ejemplo de mismo texto: normal vs informal

El otro día hice fabada, con un arreglo que me traje de Gijón el verano pasado.

Tuve las fabes a remojo toda la noche, y a las 10 de la mañana del día siguiente ya estaba cocinando.

Primero tienes que asustar las fabes tres veces. Luego empieza el tiempo oficial de cocción, añades todo el compongo y esperas tres horas. Es muy común quitar la grasa que se vaya acumulando en la superficie en todo momento.

Cuando termine la cocción, se deja reposar una hora y listo.

Qué rollaso de receta. ¡Puf!

Démosle cañita. Así sería el texto informal:

El otro día me marqué una señora fabada, con un arreglo que me traje de Gijón en verano, cuando fui a ver a mi colega Luisen.

Tuve que poner las fabes a remojo toda la santa noche, que si no luego parece que se quedan duritas las mamonas. Al día siguiente, a las ¡10! de la mañana, me tuve que poner a cocinarlas.

Primero tienes que asustar las fabes tres veces —para asustarlas, nada más rompa a hervir el agua añades un chorrazo de agua fría—, y luego ya empieza el tiempo oficial de cocción, momento en el que añades la sustancia que da sabor al caldo: el compongo.

Son nada más y nada menos que tres horazas ahí hirviendo a fuego lento —como le gusta a mi cocotte, yeah—. Lo suyo es que de vez en cuando le eches un ojo y quites la capa de grasa que se acumula en la superficie.

Por hacer el plato más ligerito, digo.

Pasadas las tres horas —te recomiendo hacerte con una botella de vermut para la espera—, las dejas reposar una horilla y hala, a comer.

Listado extra de recursos para hacer textos informales

Si te está gustando el tema y quieres que te cuente más, la formación #33 de Turmenta está dedicada a esto. Ahí aparecen 18 recursos en total.

Soltar anglicismos es otro, por ejemplo. Yes!

Allá donde comuniques, informaliza y practica

Ya te digo; la cosa para que te salga natural es que practiques, practiques y practiques.

Se puede ser informalillo en todos lados. Yo me estoy centrando en el blog, pero muchos de estos recursos te los puedes llevar al email o a las redes sociales.

E incluso al copywriting, y ahí ya se solaparían un poco con el microcopy.

Como apunte final antes de despedirme, mi recomendación es que informalices de la misma forma que lo haces cuando hablas.

Y si hablas formal al 100% siempre, quizá no sea buena idea escribir de una forma distinta, ¿no?

Lo dejo caer, porsi.

Espero que el post te haya ayudado y si no, cuanto menos, que te haya hecho tilín.

Go!

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